Neuroarquitectura: Cinco principios clave para el bienestar

¿Cuántas veces has entrado a un espacio - un parque, una iglesia o una vivienda - y te has sentido relajado o feliz, o lo contrario: triste o ansioso?

Cocina moderna con vista a jardín con árboles

© Cat Han / Unsplash

¿Qué es la neuroarquitectura?

Los espacios que habitamos o por los que transitamos transmiten sensaciones. Esto es lo que la neuroarquitectura - la aplicación de la neurociencia en el diseño del espacio - plantea. Esta rama multidisciplinaria y emergente combina arquitectura y neurociencia para entender cómo el ambiente físico influye en nuestras emociones y comportamientos.

Cada vez más estudios científicos demuestran que los colores, la luz, las formas y en general la manera en la que un espacio está diseñado algo influye en nuestra percepción e incluso afecta nuestras emociones. Estos aprendizajes nos dan algunas claves no solo para diseñar nuevos espacios, sino también para hacer algunos pequeños cambios en los espacios que ya habitamos.

 

¿Cuáles son los principios básicos de la neuroarquitectura?

1. Iluminación

La luz es fundamental para nuestro bienestar. Un estudio de 2022 investigó el impacto de las ventanas en una compañía en el sur de Europa y probó que la presencia de luz natural y las vistas a la naturaleza aumentaban la satisfacción laboral y disminuía el estrés. Otros estudios realizados en residencias de mayores y entornos hospitalarios también han probado beneficios de la luz natural en las personas.

También es importante distinguir entre luz natural y luz artificial. El exceso de luz artificial por la noche puede afectar los patrones de sueño y eventualmente el estado de ánimo. Una luz intensa y blanca puede activar nuestro cerebro, mientras una luz cálida pueda ayudar a reducir el estrés. 

 

2. Espacios verdes

¿Sabías que hay diversos estudios que prueban que las personas con algún problema de salud se recuperan más rápidamente si tienen vistas a un parque o a espacio natural? Y no solo hablamos de pacientes en un entorno hospitalario. Las vistas a exteriores con elementos naturales o la simple presencia de plantas mejora la salud mental de las personas. 

El punto anterior es interesante porque si bien no cualquiera puede tener acceso a una vivienda con un jardín o con vistas a un parque, todos podemos optar por llenar nuestros espacios con plantas. No es casualidad que a partir de la pandemia el diseño biofílico haya tomado un gran protagonismo.

 

3. Colores

Está más que probado que el color tiene un efecto directo en nuestro estado de ánimo. Los tonos cálidos como el rojo y el naranja pueden estimular la energía. Por otro lado, los tonos azules y en general aquellos cercanos a la naturaleza tranquilizan, relajan y reducen el estrés. El amarillo, bien aplicado, fomenta el pensamiento creativo.

Conociendo los efectos que cada color tiene en nosotros, se pueden tomar decisiones de diseño que nos aporten beneficios. Por ejemplo, diseñar colegios en tonos suaves que fomenten la concentración pero aplicando acentos de color cálidos que también estimulen la creatividad. En cuanto al diseño del hogar: utilizar tonos verdes o azules en el baño para crear un espacio que invite a la relajación.

 

4. Altura del techo

Nuestra percepción de espacio mental va de la mano con nuestra percepción del espacio físico. Por ejemplo, la altura de un techo puede influir en la forma en la que procesamos la información. Algunos estudios han sugerido que los techos altos activan una sensación de libertad e imaginación que estimula el pensamiento creativo y permite una mayor apertura a nuevas ideas y perspectivas. Por otro lado, los techos bajos ayudan a mejorar la concentración y la atención al detalle. 

Esta información es clave para el diseño de los entornos laborales según el tipo de trabajo que se desarrolle en ellos. Una cirugía o un trabajo enfocado en operaciones matemáticas que requieren concentración podrían beneficiarse de un espacio con techos bajos, mientras que una labor artística sería ideal realizarla en un espacio amplio de techos altos. 

También es importante considerar que no importa tanto cómo es la altura del techo per se, sino como se percibe. Y es aquí donde el diseño también puede ayudar: usando colores claros o espejos que hagan que el espacio se sienta más amplio.

 

5. Elementos arquitectónicos

Los ángulos y formas que se emplean en la arquitectura y el diseño de interiores también influyen en nuestro estado mental. Los humanos tenemos a percibir los espacios totalmente rectos y con ángulos agudos amenazantes. Por otro lado, las curvas y contornos más suaves nos aportan una sensación de seguridad que disminuye la ansiedad. Esto aplica tanto a la construcción como al mobiliario.

Pensemos en un colegio, por ejemplo. Un mobiliario óptimo sería mucho más curvo que recto para transmitir una sensación de seguridad a los niños. 

 

Decisiones que influyen en nuestro bienestar

La neuroarquitectura es una rama relativamente nueva pero con mucho potencial para influir en nuestra salud. Gracias a ella hoy sabemos que algunas decisiones como el tipo de iluminación, los colores o la presencia de plantas pueden hacer una diferencia en nuestro ánimo y salud mental. 

Los espacios que habitamos tienen un impacto enorme en nuestro bienestar.
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